Ultramaro

ULTRAMARO

Iker Jiménez sobre Ultramaro

Mi padre es un chamán

La pintura y la música son llaves para abrir puertas misteriosas. Nos dan acceso a universos mágicos que intuimos detrás de lo racional.

Se accionaron esas llaves en la antigüedad, desde el inicio de la conciencia humana, y se seguirán empleando con mayor o menor fortuna en el futuro por los milenios de los milenios.

Se usaron en la caverna umbría y se manejarán en la nave espacial Inter divisional más allá del espacio conocido.

Porque el enigma del ser está ligado a todos esos mundos que nos envuelven al margen de lo convencional. Es precisamente en algunos sucesos de nuestra vida cotidiana, muy a menudo en la inmersión artística auténtica, donde se atisba la luz de esas esferas de pensamiento que nos catapultan a estados de gracia indefinibles. Para mí, aunque suene grandilocuente, eso es conectar con la divinidad.

Cuando el artista crea de verdad es piloto de su propia nave que viaja hacia lo profundo de la realidad. Su mente conecta con algo poderoso, emanación de fuerzas cósmicas, y se alía con ese océano de la ultra realidad.

Mi padre es un pintor autentico. Yo sé lo que me digo. Desde que tengo uso de razón le he visto pintando. Grandes lienzos impolutos que a veces volvía a cubrir para empezar otra obra diferente. Como siguiendo un mandato no del todo identificable. Es la honda voz del artista la que habla y dialoga con las fuerzas in nitas de la conciencia cósmica. Así lo creo. Le he visto pintando una y mil veces, desde la infancia, en los manteles de papel de restaurantes sin nombre. En libretas, en pañuelos, en trozos de madera, en pedazos de fruta. ¿Han visto alguna vez un dibujo en una rodaja de melón? Yo sí.

Arrebatamientos donde uno era consciente de que no iba a responder a la charla que en ese momento se mantenía en otro nivel de conciencia. Directamente mi padre se había marchado a otros mundos. La línea, el dibujo, una cara, un ángulo eran la catapulta a ese otro estado.

Yo creo que podría haber empleado su arte, desde hace tiempo, como una aproximación al público. Como hace la mayoría. Es otra fase muy interesante. Algunos, imagino, la dan sin haber tenido jamás el viaje interior. La travesía profunda chamánica. Porque, ¿qué es un artista auténtico sino un chamán de su tiempo que viaja a los otros universos para traernos su mensaje?

El hecho de que nunca haya querido vender sus cuadros, que haya rehusado exposiciones, que haya escapado de esa otra parte del oficio… significa para mí que no había tal oficio. Como yo nunca vi el periodismo como tal. Para mí el periodismo y la comunicación es la vida. Es una forma de realizarme como ser. Da igual que mis obras sean contempladas o no. Durante muchos años comunicaba para mí mismo con un casete o una videocámara. Lo volvería hacer de no existir la televisión, la radio o las redes. Estudiaría igual. Experimentaría igual. Me desafiaría igual. Es el viaje personal lo que me importa y me da el verdadero gozo. El disfrute de estar

en el arte. El momento de flujo en volandas de esas fuerzas de lo creativo. Que mi padre haya pintado para él durante tantos años, en ese diálogo personal, único, es una muestra de su valor real y autenticidad. Ha viajado por estilos, ha peleado contra sí mismo, ha experimentado permanentemente y jamás ha buscado el aplauso, el halago, la aceptación de nadie.

Muy de pequeño yo le decía ¿papá esto qué es? Y no sabía responderme. Casi nunca sabía responderme. Un día dejé de preguntar eso. Yo ahora entiendo que tampoco sé responder muy bien cuando acabo una música. No sé qué ha hablado a través de mí. No sé dónde he viajado. Sé que he saltado a otro universo. Pero explicarse a la vuelta es difícil.

Cuando mi padre empezó a pintar oyendo mis músicas se fusionaron dos mentes muy peculiares. Me dio mucha alegría y nunca lo hubiera imaginado. No creo que haya muchos padres que pinten de este modo auténtico con la música de su hijo de fondo. Es una buena historia, ciertamente. La clave está en los hemisferios, en las ondas cerebrales. En el entretejido neuronal que nos llevaría a dimensiones de lo místico. Lo místico también es cotidiano si uno se esfuerza en ello.

Mis músicas —y no se trata ahora de hablar de mí, aunque ya conocen la fama de mi egolatría— están seguro tejidas mística y genéticamente por unas visiones similares del enigma del arte y la vida.

No puede ser de otra forma.

A mi padre siempre le he visto estudiando arte antiguo. A todas horas, en momentos duros y más amables, pues de todo ha habido en esta aventura de los viajeros que llegaron a la capital. Ver eso marca profundamente. Un deseo de mejora y una sensación permanente de lucha con los propios límites. En el arte antiguo, no lo tengo que decir yo, alcanzó el grado de maestría en conocimiento. Y la alcanzó porque es pintor auténtico. Porque habla el idioma de los grandes de otro tiempo. Forma parte de su club. Porque les une un mismo anhelo de trascendencia de los límites de lo fatuo y lo convencional. Ese anhelo de grandeza no se logra siendo el más célebre y renombrado. Se logra de otra manera. Creo yo que el camino que él tomo hace

tanto tiempo, de introspección y desafío real, de aprendizaje de los propios errores y virtudes en una constante puesta a punto, es un camino real y no un atajo. Atajos hay muchos… pero después de setenta años, y pudiendo, no los ha tomado.

Así que imagínense, queridos amigos, lo contento que yo estoy de contribuir en algo con unas músicas que algo se parecen a la esencia de estos cuadros únicos. Mis notas forman parte de esos mensajes a veces enigmáticos de sus cuadros.

El salto a las redes y a las exposiciones creo que le ha dado a mi padre una alegría inesperada. La gratitud de colegas y aficionados, las buenas palabras de amantes de la pintura no pueden desagradar porque también son auténticas. Comienza por tanto una nueva fase de la aventura. Con el viento a favor que significa el compartir tu obra. Y de empezar fases, de iniciar aventuras, sabemos mucho en mi familia, pues es nuestro estado natural. No conocemos otro. Somos hijos, nobleza obliga, de un espíritu de lucha con nosotros mismos, de innovación, de desafío… pero con la parte luminosa de saber de esos momentos de gracia en los que danzamos en los Ritos de Eleusis, con el círculo de las Musas o en la danza de los chamanes de la Caverna.

Recuerden esto: mi padre es un chamán de la pintura. Auténtico. Y eso es genial.

Iker Jiménez

Periodista y Escritor, Director y presentador en Cuatro TV de los programas: “Cuarto Milenio” y “Horizonte